La fascinante historia de éxito de la cara más famosa del mundo, el Smiley

Tan inocente y básica, esta carita sonriente se ha visto envuelta en juicios, obras benéficas, manifestaciones y ha forjado un imperio empresarial. El primero en dibujarla fue este señor de aquí, Harvey Ross Ball.

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La conoces de sobra y la habrás usado cientos de veces. Es la cara más famosa de la historia —con permiso de los Beatles y Jesucristo— y la han utilizado desde marcas como Coca-Cola o Nutella hasta firmas de moda como Moschino o Zara. Y, si eres fan de Nirvana, también la conocerás aunque con un gesto un poco más perjudicado. Pero lo que puede que no sepas es que este logo tan universal fue creado en solo diez minutos por un diseñador gráfico que jamás registró su invención y no ha visto ni un euro de los millones que mueve hoy en día. Porque, pese a ser algo sencillo, en sus casi 60 años ha estado en revueltas estudiantiles, batallas legales, desfiles de alta costura, actos de caridad y raves con mucha droga.

Aunque se han hallado versiones arcaicas en cerámica turca de 4.000 años de antigüedad y grabadas en piedras medievales, el Smiley moderno se atribuye a Harvey Ross Ball. Fue este diseñador gráfico de Massachusetts quien, en 1963, dibujó sobre un círculo amarillo dos puntos a modo de ojos y una línea curva simulando una amplia sonrisa. Lo hizo por un encargo de la aseguradora State Mutual Life Assurance para levantar el ánimo a sus empleados durante un proceso de fusión hostil. Para aplacar el miedo de los trabajadores a perder su empleo, se lanzó de manera interna esta campaña de la amistad en la que se repartieron miles de chapas con la carita sonriente. Tal fue el éxito que crearon otros accesorios para los clientes y los allegados de los empleados.

Portada del libro ‘Smiley Emoticon Emoji History Brand’

Durante el apogeo de la guerra de Vietnam, se vendieron más de 50 millones de productos con el Smiley con una rentabilidad de 1,4 millones de euros

Pese a la popularidad que ganó este alegre rostro, Ball tan solo recibió 41,50 dólares de la época por su diseño. Aunque teniendo en cuenta que invirtió exactamente diez minutos de su tiempo, tampoco fue un mal negocio. ¿Su fallo? Que jamás registró su invención. Algo que sí hicieron, en 1970, Bernard y Murray Spain. Estos dos hermanos de Filadelfia eran propietarios de la tienda de tarjetas de felicitación Hallmark y registraron el diseño de la carita sonriente con la frase “Ten un buen día” y la comercializaron en chapas y demás artículos, como tazas y camisetas. La expresión de la nueva cara era simétrica, mientras que la original tenía un ojo más grande que el otro. Fue todo un éxito y, durante el apogeo de la guerra de Vietnam, vendieron más de 50 millones de productos con una rentabilidad de 1,4 millones de euros.

Pero quien supo anticiparse al boom que supondría esta icónica carita y que la rentabilizó al máximo fue el francés Franklin Loufrani. Este periodista de origen argelino comenzó de redactor en el France-Soir, el mayor periódico nacional de la época, y fue ahí donde publicó por primera vez el Smiley. Su idea era destacar, mediante este pictograma, la sección de buenas noticias de la publicación. Y, a diferencia de Ball, Loufrani sí que registró su dibujo en 1971. La iniciativa fue un éxito y pronto comenzaron a imitarla otros diarios europeos. Pero el periodista —y empresario— estaba seguro de que su dibujo tenía recorrido mucho más allá de la prensa. Así que empezó a ampliar el mercado para explotar su diseño.

Símbolo de una revolución

Franklin Loufrani aprovechó las revueltas estudiantiles iniciadas en mayo de 1968, y que continuaron durante la década de los 70, para promover su carita. Loufrani la imprimió en diez millones de pegatinas y las repartió de forma gratuita entre los manifestantes. Pronto, toda Francia tenía sus fachadas y coches marcados con su carita alegre. Y del país galo saltó al resto de Europa, convirtiéndose así en el participante indispensable de cualquier manifestación. De hecho, no es raro encontrarse al Smiley en protestas actuales. Este icono corrió como la pólvora y las marcas comenzaron a llamar a la puerta de Loufrani. En los 70 y los 80 acaparó tazas, camisetas, bolígrafos y frisbees. El fenómeno ya era imparable.

Y de las manifestaciones, a las algaradas nocturnas. A finales de los 80, el Smiley pasó de ser un símbolo de protesta a ser el logo no oficial de las raves europeas. Y todo gracias a un cómic. En 1986, el guionista británico Alan Moore y el artista Dave Gibbons publicaron uno de los cómics más emblemáticos de la historia, ‘Watchmen’, donde el personaje del Comediante utiliza una carita sonriente manchada de sangre. En Reino Unido, fue un éxito y muchos lo tomaron como un icono, al igual que pasaría con ‘V de Vendetta’. Durante el Segundo Verano del Amor en 1988, el auge de la música acid house y de las fiestas clandestinas y masivas, como las raves, popularizaron la carita sonriente. Pero no solo en sus atuendos, sino que las drogas del momento, sobre todo el éxtasis, emulaban el Smiley.

Nirvana creó su propia versión del Smiley y la utilizó por primera vez para anunciar la fiesta de lanzamiento del álbum ‘Nevermind’

Y mientras, en 1991, la cultura rave estaba en su máximo esplendor en Europa, al otro lado del Atlántico, el Smiley se popularizó a manos de otros héroes de la contracultura. Nirvana, la banda de grunge estadounidense, estaba en su apogeo y había sorprendido a toda la escena underground firmando con un importante sello discográfico. El líder de la banda, Kurt Cobain, hizo su propia versión del Smiley un poco pasado de vuelta y la utilizó por primera vez para anunciar la fiesta de lanzamiento del álbum ‘Nevermind’, en Seattle, allá por 1991. Pero el grupo de Aberdeen no fue el único en apropiarse de la Smiley Face. El logo era, por entonces, algo universal y en 1994 quedó demostrado cuando apareció en la gran pantalla en un épico momento de la carrera encabezada por ‘Forrest Gump’.

Con todo, el creador original de este famoso icono intentó recuperar algo de beneficio y, en 1999, Harvey Ross Ball fundó The World Smiley Foundation, que organiza actos benéficos y cada 1 de octubre celebra el World Smile Day.

Una nueva era de felicidad

Aunque estaba extendido en la cultura popular, a mediados de los 90 su comercialización y el interés de las marcas comenzó a descender. Para mitigar el bajón, Franklin Loufrani puso al frente de la compañía a su hijo Nicolas, de 26 años. El joven se percató de que su padre tenía la licencia comercial, pero no había ninguna marca ni empresa entorno al dibujo. Cada país lo llamaba de una forma diferente, algunos carita sonriente; otros carita feliz o paz y amor.

Ante este vacío de patente, Nicolas acuñó el nombre que hoy conocemos y fundó The Smiley Company, una de las empresas de concesión de licencias más importantes del mundo y que mueve 232 millones de euros al año. Así, el joven francés registró la marca en 100 países y actualizó el Smiley transformándolo en una esfera en 3D. En los países donde el Smiley estaba en comercialización compró la licencia o comenzó batallas legales. Fue lo que ocurrió con la empresa Walmart, a la que llevaron ante los tribunales por utilizar una carita sonriente para alertar de las ofertas a los compradores. Tras nueve años de litigios, ambas partes acordaron que Walmart podría seguir usando el Smiley. Durante esta nueva etapa, Nicolas también logró la digitalización del símbolo tras colaborar con Alcatel y Nokia, que patentaron los primeros emoticonos.

Todo este recorrido de la inocente cara sonriente sigue hasta la actualidad, en tu Whatsapp, sin ir más lejos. Los emoticonos que utilizamos son, en su mayoría, propiedad de Unicode Consortium, una organización con sede en Silicon Valley compuesta por varios representantes de compañías tecnológicas. The Smiley Company no quiso meterse en batallas con este gigante tecnológico, ya que el uso de los emoticonos les ayuda a popularizar, aún más, la famosa carita. Por ese motivo también mantiene las colaboraciones con grandes empresas de moda, artículos varios y cadenas de restaurantes, como McDonald’s. Y es que, ¿a quién no le alegra el día una sonrisa?