El arte de pasar de hombre a niño y de niño a hombre, por Santi Balmes (Love Of Lesbian)

En el nuevo libro de Santi Balmes ('Bajaré de la luna en tirolina') el protagonista vuelve a ser un niño, un recurso que ya es clásico en la vertiente literaria del vocalista de Love Of Lesbian. ¿Qué nos quieres decir Santi?

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Aquello que cantaba Jeanette en su canción Corazón de poeta de “tiene el corazón de poeta, de niño grande, de hombre-niño” podría aplicarse perfectamente a Santi Balmes (1970, San Vicente dels Horts-Barcelona). El vocalista del aclamado grupo Love Of Lesbian está muy conectado con su lado infantil, adolescente y veinteañero y esto le permite tener una personalidad compleja desde la que abordar sus inquietudes artísticas. Pero no solo en el mundo de la canción deja salir todo ese torrente emocional que arrastra. El barcelonés se zambulló en el mundo literario hace ya diez años con Yo mataré monstruos por ti‘ (Editorial Principal de los Libros), una novela dirigida al público infantil. Desde entonces ha publicado ensayos, poesía, libros infantiles, novelas y, ahora, vuelve con ‘Bajaré de la luna en tirolina’ (Editorial Planeta de Libros), una novela sobre la estrambótica vida de David (pronunciado Déibid), un crío de 11 años curioso por la vida adulta. Una narrativa más que Balmes usa como excusa para no perder a ese niño que lleva dentro.

Este libro sale justo después de la pandemia. ¿Fue una forma de pasar las horas de encierro?
Por supuesto. Me acuerdo que mi agente literaria, a la que había enviado 20 páginas de un proyecto que tenía en mente hacía un año, me envió un whatsapp diciéndome que creía que era el momento, ahora que estaba encerrado y había acabado el disco, para darle rienda suelta a mi imaginación y trabajar en eso que le divirtió mucho. Me había visto 80 series de 50.000 capítulos y estaba engordando como un cochino, era cuestión de empezar a trabajar y activarme de nuevo.

¿Cómo llevaste el no poder hacer giras, conciertos y demás?
Fue una época complicadísima en la que la incertidumbre se convirtió en el día a día. Lo cierto es que hubo un momento en el que pensamos que nuestra profesión se había acabado y debíamos pensar en ser dentistas de tiburones —ríe—. Fue un momento bastante incierto.

El título ‘Bajaré a la luna en tirolina’ es toda una declaración de intenciones. ¿Este libro surge de una de esas estancias en la inopia?
Sí, es algo que define tanto al personaje como a quien ha creado al personaje. Tengo la tendencia a ser muy despistado y tengo que obligarme a mí mismo a una cierta disciplina y tener la agenda muy actualizada porque me puedo olvidar de cosas increíbles. Siempre estoy en otro lado, estoy pero no estoy en realidad. De alguna manera, hay ciertos personajes, como David del libro, que son tan sensibles que prefieren estar en la luna que afrontar los problemas reales.

“Hubo un momento en el que pensamos que nuestra profesión se había acabado y debíamos pensar en ser dentistas de tiburones”

¿Y estar en la luna te ha traído problemas?
Sí, ya te digo. Pero problemas más a nivel práctico como olvidarme de asistir a una boda, por ejemplo, o perder aviones y mil cosas así. Pero, al final, lo acabo compensando con obras que hacen que se justifique que estoy ahí en la luna—ríe—.

Por la sinceridad y naturalidad de ciertos momentos imagino que el joven protagonista tendrá muchas cosas en común contigo. ¿David eras tú con 11 años?
El primer capítulo es el único autobiográfico. El resto lo he tomado casi prestado del aire o de situaciones que he vivido en mi entorno y la mayoría me las he imaginado como hubiera hecho David. Pero el primer capítulo es el punto de arranque y sí es real. La figura de la patinadora también es real hasta cierto punto, pero lo que sí nos diferencia a los dos es que yo también soy muy espontáneo, pero lo de David ya pasa a otro nivel y no tiene filtra.

Como bien dices el niño protagonista no tiene filtro ni pelos en la lengua. Si hay algo de ti en David, ¿cúando crees que empezaste a perder espontaneidad, tal vez, desde que empezaste a ser conocido?
Claro, ser conocido es como vivir en un pueblo. Da igual que estés en una gran ciudad o no, porque la gente te puede saludar, te sientes hasta cierto punto observado y empiezas a temer, por primera vez, el qué dirán. A partir de ahí, te vas podando. El mundo adulto ya de por sí, aunque seas anónimo, te va podando la espontaneidad y se va dosificando y dejándose en un círculo cada vez más reducido.

Cada capítulo se inicia con una canción creando una banda sonora con canciones de Nathy Peluso y The Beatles, entre otros. ¿Sueles asociar también canciones a tus vivencias?
Sí, es parte de mí y una especie de musical que hago. El libro es como si fuera casi un musical y, realmente, yo a la edad de David era una persona que si tenía que ir de un sitio a otro y no tenia walkman, como algunos discos me los sabía de memoria de tanto que los había escuchado, me hacía el trayecto con unos walkman imaginarios y de mi casa a casa de un amigo sabía que había cuatro canciones de los Sneetches, por ejemplo.

¿Qué canciones te acompañan en tus momentos más duros? 
Para momentos más melancólicos la canción Goodbye Blue Sky de Pink Floyd. Es un tema que recuerdo que estábamos escuchando en un coche cuatro amigos de la edad de David y, por primera vez, conocimos un tipo de música que no tenía nada que ver con la canción alegre y bailable. Creo que nos dejó a todos en ese viaje bastantes torcidos. También otros temas que he puesto en el libro como How soon is now? de los Smiths o High & dry de Radiohead, que son temas que si te quieres fustigar son maravillosos.

De Love of Lesbian solo citas Allí donde solíamos gritar en los créditos. ¿No querías vincular demasiado el libro a tu música y viceversa?
Me parecía muy redundante. Quería finalizarlo con una canción de la banda, evidentemente, porque, de alguna manera, es un agradecimiento a que si estoy aquí es por la banda. Además, el último capítulo coincide con un lugar que también se identifica físicamente en mi recuerdo con la canción Allí donde solíamos gritar. Haber hecho una playlist con temas de la banda hubiera sido un poco redundante.

El arte como terapia

‘Bajaré a la luna en tirolina’ es tu última obra escrita con una voz infantil, antes fueron ‘Yo mataré monstruos por ti’ (2011), por ejemplo. Pero como músico, tus letras se centran más en una persona adulta. ¿Esa dualidad te permite no renunciar nunca al niño que llevas dentro?
Sí, hay un intento de mantener viva según que llama. La llama del veinteañero, la llama del adolescente y supongo que todas aportan algo interesante a tu personalidad y así no convertirte en un bloque monolítico.

Tienes novelas, libros infantiles, ensayos, poesía… ¿En qué género te sientes más libre y cómodo? 
No lo sé, la verdad. Diría que me encuentro bien en cualquier ámbito siempre que me sienta un poco en peligro.

Decías que la obra es como un musical, que es el único género que te falta por explorar. ¿Te planteas montar alguno?
Sí, yo no reniego a nada porque, de alguna manera, solo hace falta que se me presente un proyecto con cara y ojos para que me tire a la piscina, ya me conozco. Hay cosas que nunca he tenido en la cabeza y, al final, he dicho sí, siempre que me permita conocerme un poco más. Es como cuando estabas en el patio y te aburres de jugar a la pelota y te proponen saltar a la comba y te animas a probarlo.

¿Crees que tener la fama de Love of Lesbian ha ayudado a abrirte hueco en el mundo literario y esto puede verse por la crítica como intrusismo? 
Es un poco la sensación que se puede tener todo el rato, porque, de alguna manera, este país es como es. También pienso que si la gente valora Love of Lesbian es por la parte literaria sobre todo, con lo cual me puedo sentir como un intruso pero creo que he entrado por otra puerta.

Y hablando de intrusismo, en el mundo de la canción también hay personajes que se lanzan al mundo de la canción aprovechando la fama por su aparición en determinados programas de televisión. ¿Qué opinión te merece?
No lo sé, la verdad es que no quiero entrar ahí. Quiero pensar que el tiempo pone cada cosa en su lugar y también pasa, no solo con personajes de la prensa rosa, puedes encontrarte con hits que igual revientan y se convierten en un fenómeno viral y al cabo de dos años nadie ha vuelto a escuchar esa canción.

“No me veo toda la vida en un escenario ni siendo la cabeza visible de algo, preferiría que lo que hiciera fuera conocido más que yo y esa es mi lucha desde hace tiempo”

Muchas de las letras de Love Of Lesbian podrían ser poemas si le quitas la música. Y algunos de tus poemas podrían ser canciones. ¿Sabes discernir si una idea la ves más como canción o como un libro o poema?
Me ha costado cierto tiempo de habilidad para saber diferenciar entre lo que puede ser una cosa y lo que puede llegar a ser otra. Es casi mirar el embrión dentro del microscopio y darte cuenta de que hay algo que puede llegar a ser expansible a la idea de un libro o no. Al final, si algo me está sonando se acaba convirtiendo en canción y si lo estoy leyendo y hay como cierto silencio que me lleva a un hemisferio diferente de mi cerebro, sé que eso no será canción, sino que será un poema o relato.

¿Tener ambas válvulas de escape para cristalizar tus pensamientos y emociones te hace estar muy en paz contigo mismo o no es terapia suficiente?
Nunca hay terapia suficiente, pero sí que hay cierta búsqueda de compensaciones de carencias tuyas que se equilibran al buscar lo que no tienes. Por ejemplo, en este último libro la espontaneidad ha sido, de alguna manera, el disparador para mí. A medida que iba creando el personaje y que lo iba notando con este descaro verbal, me iba animando cada vez más y más porque estaba en un momento muy claustrofóbico en mitad de la pandemia. Las circunstancias exteriores también acaban influyendo en cada momento dónde estás y qué te pide el cuerpo. Al final, lo que buscas es un equilibrio entre tu vida real y la vida imaginada.

¿Te ves en el futuro más como un músico retirado que se dedica de lleno a la literatura o te ves compaginando ambas facetas con la misma asiduidad con la que lo haces ahora?
Sí que me veo dando dos pasos hacia atrás en la mayoría de cosas. Me imagino bastante en un programa de radio y sí me imagino un poco dando pasos hacia atrás en lo que respecta a las apariciones públicas. No me veo toda la vida en un escenario ni siendo la cabeza visible de algo. La verdad es que preferiría que lo que hiciera fuera conocido más que yo y esa es mi lucha desde hace tiempo. Lo que pasa que para que sea conocido lo que haces, te tienen que conocer a ti—ríe—.