La atroz historia del asesino francés que podría salir de prisión

En 1993, Jean-Claude Romand asesinó a su mujer, a sus hijos y a sus padres tras una doble vida repleta de engaños.

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Está muy manido aquello de que la realidad supera la ficción, pero cuando te encuentras ante historias como la del francés Jean-Claude Romand (Jura, Francia, 1954) te das cuenta de que la vida siempre sobrepasa a la más truculenta de las novelas. En 1993, Francia quedaba conmocionada después de que este francés de entonces 36 años matara a toda su familia a sangre fría y después intentara, sin éxito, quitarse la vida. ¿El motivo? No poder soportar la vergüenza de que su mujer e hijos descubrieran que toda su vida estaba construida sobre una farsa.

“Cuando estamos atrapados en este engranaje de no querer decepcionar, la primera mentira llama a otra y,  al final, es toda una vida”, dijo Romand, durante su juicio en junio de 1996. Un acotado resumen de los últimos 18 años de su vida en los que había encadenado una fantasía con otra hasta desdibujar los límites entre realidad e imaginación. Y es en esta parte de su perfil donde reside lo más llamativo del caso. No solo fue un asesino que acabó con sus más allegados y estafó a su círculo más cercano, sino que logró crearse una identidad paralela para lograr un estatus social y ser admirado por todos. Un hecho que inspiraría documentales, películas y la novela ‘El adversario‘, de Emmanuel Carrère. Ahora vuelve a ocupar titulares después de que Romand haya pedido la libertad condicional.

Romand durante su juicio en 1996. Foto: Stéphane Ruet.

Este torrente de mentiras comienza en 1975 de la manera más cotidiana posible, con un despertador estropeado. Al no levantarse a tiempo, Romand llegó tarde a un importante examen de segundo de Medicina y suspendió el curso. Con apenas 18 años Romand se agobió por la posibilidad de decepcionar a sus progenitores y vio como su novia, Florence, le abandonaba. Ante semejante panorama, Romand engordó 2o kilos y solo supo apartarse del mundo para comenzar a idear su nueva vida. Dejó de asistir a clase, asegurando haber aprobado todo, y se inventó que sufría un cáncer para poder quedarse en casa y prepararse sus historias. Pronto recuperó el amor de su novia, se casaron y juntos tuvieron dos hijos: Caroline, nacida en mayo de 1985, y Antoine, nacido en febrero de 1987.

Un engaño de película

Tras su falsa licenciatura, dijo a todo el mundo que había conseguido un trabajo en el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (Inserm) de Lyon y, finalmente, uno como médico e investigador para la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero lo que cada día hacía era pasar la jornada conduciendo por la autovía, paseando por el bosque o leyendo revistas en el aparcamiento de la OMS. Consiguió amasar grandes sumas de dinero manejando las finanzas de sus allegados y vendiendo una falsa cura contra el cáncer a enfermos desesperados. En su hogar, todos le describían como un padre dedicado y un marido cariñoso pero, tras esta fachada, lo cierto es que solo existía un hombre al que los psiquiatras definieron como un narcisista y mitómano.

Pero cuando conoció a la que sería su amante todo empezó a ir cuesta abajo. Además de estafar dinero a sus amigos, prometiéndoles invertirlo en Suiza –vivía en Prévessin, un pequeño pueblo fronterizo–, pidió dinero prestado a su amante para invertirlo en su carrera. Cuando ella empezó a reclamar lo que le debía, y ante las sospechas de familiares y amigos, Romand se da cuenta de que su mentira se desmorona. Sin embargo, estaba dispuesto a cualquier cosa para evitar que su familia se enterase.

La vivienda familiar de Romand tras el incendio que provocó en 1993. Foto: Pierre Bessard.

En enero de 1993, asesinó a su esposa con un rodillo de cocina y disparó a sus dos hijos con un rifle. Al día siguiente, fue a visitar a sus padres y acabó con ellos y con su perro labrador. Después, huyó a París e intentó matar a su amante pero, tras las súplicas de esta, decidió marcharse. De regreso al hogar familiar, tomó un frasco de barbitúricos y prendió fuego a la vivienda. Los bomberos le rescataron de las llamas y sobrevivió tras tres semanas en coma.

En busca de la libertad

Romand fue condenado a cadena perpetua en julio de 1996 y, desde entonces, cumple pena en la cárcel de Châteauroux. Desde la prisión ha trabajado restaurando las bandas sonoras de documentales para el Instituto Nacional del Audiovisual. Ya en 2015 se cumplió su período de seguridad y podía pedir la libertad condicional, pero no lo hizo. Sin embargo, ahora en 2018 ha solicitado salir del penal.

El parricida tiene ahora 64 años y los análisis psiquiátricos han establecido que la liberación del preso no entraña problemas. El proyecto de reinserción está avanzado y aseguran que el detenido ha entrado ya en contacto con las personas que le darán trabajo. Su solicitud de liberación se examinará el 18 de septiembre y, si le es concedida, podría abandonar la prisión a finales de mes.

Foto: Stéphane Ruet