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Te puede gustar o no, pero seguro que querrías ser como Mario Casas

Lleva 15 años sin parar de trabajar, tiene fama, dinero y un físico casi tan envidiable como su historial amoroso. ¿Dónde hay que firmar?

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Le gusta pasar más tiempo en el campo que en la ciudad y rehúye la alfombra roja. Dice que es tímido y solitario, pero que cuando se arranca no hay quien le calle. El actor gallego, que ha aprendido a convivir con las críticas –buenas y malas–, protagoniza la portada del número 35 de Mine. Volvemos a lanzar la pregunta: Si pudieras ser él, ¿lo serías?

Pese a conservar parte de la estética canalla que le alzó a la fama –recientemente ha adornado su oreja izquierda con un pendiente de aro–, Mario Casas (A Coruña, 1986) ya no es ese sex symbol al que la industria solo veía como garantía de éxito en taquilla. El actor gallego ha sabido cambiar, a base de trabajo, no solo su destino, sino también las opiniones más críticas con respecto a sus interpretaciones. El chaval rebelde de antaño ha dejado paso a un actor asentado que luce con orgullo las cicatrices de los personajes que han ido marcando su trayectoria. Eso sí, sigue confiando su suerte a una Virgen de la Luz que cuelga de su cuello y que nadie puede tocar excepto él. Por aquello de las malas y buenas energías. Eso nunca viene mal.

Llevas casi dos décadas interpretando papeles de todo tipo. ¿Sientes que el mundo del cine por fin te respeta?
No, para nada. Tengo el reconocimiento del público, pero de los profesionales del cine español quizá solo me reconozcan un 20% –ríe–. Estoy muy fuera de la profesión, no sé si eso es bueno o malo, pero me repele un poco todo lo que es el circo. Veo situaciones que no me gustan y prefiero estar en el campo o con mis amigos. No me gusta la alfombra roja, soy muy tímido. En cuanto al público, sí noto bastante el cariño, lo vengo notando con mis últimas películas.

En tono de medio broma medio verdad has llegado a decir que Blanca Suárez es tu única amiga en el “mundillo” -aunque recientemente se ha confirmado que son pareja–. 
Yo he nacido con Blanca dentro de la profesión, hemos ido de la mano, nuestras carreras son bastante parecidas y hemos coincidido en varios proyectos. Es alguien a quien admiro y, por una cosa o por otra, he seguido en contacto con ella. Después, tengo conocidos y compañeros, pero se queda ahí y seguramente sea por mi culpa. Soy una persona que necesita su espacio y poco dado a las relaciones de amistad dentro del oficio. Blanca es la excepción –ríe–.

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Parece que ganar un Goya no es algo que te quite el sueño.
No, lo que quiero es trabajo. En los Goya suben actores y actrices de renombre y lo primero que dicen es: “Me dais esto y yo lo que quiero es trabajo, que llevo años parado/a”. Si piensas en un premio, lo haces dos semanas antes porque te has enterado de que te han nominado a ti o a una película tuya. Los 340 días restantes piensas en el trabajo, en que la gente no se olvide de ti y en que los productores te llamen. Yo, de momento, tengo pendiente de estreno ‘El fotógrafo de Mauthausen’ y no sé muy bien qué voy a hacer, tampoco llegan tantos proyecto como la gente piensa.

Con ‘Instinto’ (Movistar+) afrontas un nuevo reto, protagonizar tu primera serie en una plataforma de pago.
Sí, era uno de los siguientes pasos. Las series se han convertido en un escaparate bestial para los actores, no tienen nada que envidiar al cine. Veo producciones como ‘La Peste’ de Movistar o ‘Stranger Things’ de Netflix y me quedo embobado. Había tenido contactos para algún proyecto, pero necesitaba algo que me diera seguridad y me motivara verdaderamente.

Como buen ‘seriéfilo’, ¿qué recomendación nos dirías?
Una de las últimas que he visto ha sido ‘Dark’ y me ha encantado, soy fan. La comparan con ‘Stranger Things’, pero a mí personalmente me gusta más, está dirigida a un público como yo, más adulto y oscuro. También he visto ‘The end of the F***ing World’, que tiene capítulos de 30 minutos y me pareció brutal. Intento ver todo lo que puedo, mi tiempo libre lo uso para eso, para buscar referencias. Algún día me gustaría dirigir y por eso me gusta mucho ver el trabajo y talento de los demás.

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“Me costó años entender qué es lo que pasaba en la calle y el porqué de las fotos y los autógrafos”

Un influencer de batalla

¿Cuál es la aplicación que no puede faltar en tu teléfono móvil?
WhatsApp e Instagram, sin duda, estoy bastante enganchado. Muchas veces se me va el tiempo viendo stories y fotografías. En el fondo me da pena porque no me gusta malgastar tanto tiempo ahí, pero al final caes como todo el mundo. Creo que hay un cambio generacional dentro de la industria del cine por culpa de las redes sociales. Gente como Blanca ha sabido adaptarse y convertirse en alguien muy influyente gracias a su buen uso. Ves su Instagram y es maravilloso, ves el mío y es de batalla –ríe–.

Hablando de personas influyentes en redes sociales, tu hermano Óscar es uno de los que apunta alto. ¿En casa tenéis piques por los followers de uno y de otro? 
Sí, mucho, ya no por ver quién tiene más, sino porque me vacila –ríe–. Son nuevas generaciones que se adaptan muy bien a ese mundo. Me dice: “Tu Instagram es de guerra, lo tienes poco cuidado”. Es un claro ejemplo de que ya estamos en otra sociedad y todo va muy rápido. He llegado a oír que cogen a actores por el número de seguidores. Supongo que los productores, no todos, se fijarán en actores con muchos seguidores y valorarán en qué medida eso puede influir en la promoción de una película.

Otra cosa negativa de las redes sociales son las críticas. ¿Te dan miedo?
Lo que me da miedo es la falta de respeto, me violenta mucho y me parece que ahora mismo está desmedido. No hay una critica constructiva. Que la gente opine y lo haga con un criterio, sea el que sea, me parece bien. Eso es lo que hago yo aunque no sea públicamente. Pero sí que me da miedo los machaques que hay, como un día les dé por ti, no tienen ningún tipo de miramiento.

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¿Continúas sin leer nada sobre ti?
Leer lo vas a leer porque te va a saltar, lo que no voy a hacer es meterme. He llegado al punto de que no quiero leer nada porque duele igual. Si es bueno, te van a dar el palo por otro lado y al revés sucede lo mismo. Pero Twitter es el periódico digital y lo leo todas las mañanas, es mi forma de enterarme de las cosas.

En casos así, ¿echas de menos el anonimato?
Pues sí, se me ha pasado por la cabeza alguna vez. Me costó un proceso de años entender qué es lo que pasaba en la calle y el porqué de las fotos y los autógrafos. Lo pasé mal y sufrí, estaba enfadado con el mundo. Pero la gente solo quiere una fotografía, no está pensando en si en ese momento te están molestando o si has tenido un mal día. Me costó adaptarme a esa situación y ahora mismo lo llevo muchísimo mejor.

¿Cómo te has sentido tratado por la prensa?
Me he encontrado entrevistas de todo tipo, de las que no sabes muy bien por dónde quieren ir o qué quieren sacar. Lo notas enseguida en la energía, sabes que quieren un titular, te están buscando la castaña te guste o no. Sin embargo, a mí siempre me han tratado muy bien, quitando cosas puntuales. Siempre está la pregunta trampa que yo llamo pregunta titular: “¿Te gusta ser salvaje en la cama? Hombre, pues sí”. Ya tienes: “Mario: Me gusta ser salvaje en la cama”, y ya la has liado –bromea–.

¿Te atreverás con Hollywood en algún momento de tu carrera?
Me lo he planteado y, joder, sueñas con que te llamen para hacer una película. Para mí un referente es Javier Bardem, no por la etiqueta de Hollywood, sino por la carrera que ha hecho. Yo estoy dispuesto. Es un reto trabajar en un idioma que no es el tuyo, me parece una de las cosas más excitantes que me podrían pasar. Pero al mismo tiempo me da miedo, siempre necesito un empujón de los míos. Soy poco aventurero en el sentido de salir de la zona de confort.

Ahora el ambiente está algo caldeado por los casos de abuso sexual. ¿Consideras que el cine español es machista?
Es complicado. Desde el punto de vista del trabajo hay una considerable falta de personajes femeninos, es una obviedad. Yo no entro a valorar si la actitud de actores o parte de la industria es machista o no, yo no lo soy. La realidad es que las actrices españolas son mejores que los actores en todos los sentidos y es necesario que se den más oportunidades a las mujeres tanto en dirección como en interpretación.

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Maquillaje José Luis Ruzafa para Talents / Estilismo Arturo Argüelles / Ayudante de estilismo Abraham Rodríguez

“Cada vez me gusta más la cocina. Personajes como Francesc Boix me han dado la vuelta a la mente. Ahora vivo solo y prefiero saber qué es lo que como”

Descarada madurez

Tu último estreno fue ‘Bajo la Piel de Lobo’, una película en la que encarnas la vida de un alimañero y en la que prácticamente no hablas. ¿Te costó adaptarte?
Me parece muy interesante que el personaje hable muy poco y las cosas que diga sean con un sentido y deber. Yo le hubiera quitado más diálogo todavía –ríe–. Era una película muy especial, de bajo presupuesto, independiente, con pocos recursos y pocas semanas de rodaje. Uno aprende a diferenciar un guión maravilloso en papel a la realidad de rodar con pocos recursos.

Una de las cosas que más impactó en esta cinta fue tu cambio físico. 
En la película interpreté a Martinón, que viene a ser una especie de pastor que vive solo en la montaña y prácticamente no tiene contacto con nadie. Era necesario darle 10 años al personaje tanto física como emocionalmente. Como yo estaba en una edad algo ambigua, engordé unos 10 kilos. Necesitaba alejarme de la imagen que la gente tenía de Mario Casas para darle un peso agresivo, fuerte y violento al protagonista y así dejar ver su lado lado más salvaje y animal.

Unos kilos que inmediatamente después tuviste que perder para encarnar a Francesc Boix en ‘El fotógrafo de Mauthausen’, que estrenarás el 26 de octubre. 
Sí, perdí todo lo ganado y después hice barbaridades –ríe–. Mi nutricionista, Ángela Quintana, me ayudó hasta donde ella consideraba que era saludable. Sin embargo, yo seguí bajando hasta límites en los que no era sano. Llegué a sentir un porcentaje de lo que sintieron aquellos presos por el hambre y la necesidad de comer. La única manera de adelgazar más era no beber agua y comer una o dos manzanas en tres días.

Con tanta dieta, ¿necesitaste dar algunas clases de cocina?
La verdad es que la cocina es algo que cada vez me gusta más. Nunca me había dado por la verdura, el pescado y comer sano, era bastante reacio. Personajes como este me han dado la vuelta a la mente, me han ayudado a conocerme. Ahora mismo cocino mucho, vivo solo y prefiero saber qué es lo que como. Lo que más me hago son salteados de pollo con brócoli, espinacas, espárragos o berenjena al estilo wok.

¿Por qué la historia de Francesc y los españoles apresados en campos de concentración nazi es tan poco conocida?
Pasa mucho aquí. Yo he de confesar que no sabía nada sobre la historia de Francesc y muy poco sobre los españoles que estuvieron en los campos de concentración. No sabía que había habido tantos y que murieron tantos. Doy gracias porque me llegara una historia así. Vamos a saber una parte de nuestro país que no conocemos. Los jóvenes de hoy día tenemos que seguir luchando por la sociedad en la que estamos, al igual que hicieron ellos. No se nos puede olvidar y se nos olvida.

¿Es el personaje que mas adentro te ha llegado?
Me ha cambiado por completo. He llegado a vivir, llorar y sufrir un personaje sin estar en escena. Estuve dos meses casi sin salir de casa, aislado en mi mundo mientras me replanteaba todo. Espero no olvidarme nunca de todo lo que me han enseñado Boix y el resto de españoles presos.

*Puedes ver el reportaje completo en el número 35 de Mine. Pide tu ejemplar en papel en tienda.ploimedia.com o descarga la edición digital interactiva para iOS o Android.

Fotografía: Borja de la Lama / Ayudantes de foto Teresa G. Canal y Cesco Rodríguez