La truculenta vida del Hannibal Lecter nipón

Issei Sagawa protagonizó uno de los casos de canibalismo más sádicos de la historia.

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El 13 de julio de 1981 fueron halladas dos maletas en el Bosque de Boulogne, a las afueras de París. Dentro se hallaba el cuerpo descuartizado de Renée Hartevelt, una mujer holandesa que era compañera de clase de Issei Sagawa, el protagonista de esta sanguinaria historia.

Además de ser un niño rico de la sociedad nipona, Sagawa es ahora toda una estrella de televisión por un hecho escalofriante del que fue autor: comerse a una mujer. Se le describe como un hombre de baja estatura, delgado, inteligente y tímido. En 1981, mientras vivía en París (Francia), conoció a Renée Hartevelt, una mujer holandesa de 25 años que, además de ser políglota, pretendía estudiar un doctorado en Filosofía. Issei le pidió que le diera clases de alemán, pero esa no era su única intención para quedar con ella. En el fondo, el japonés tenía obsesión por las mujeres occidentales altas, de pelo rubio y piel blanca, cualidades que Renée cumplía a la perfección. Después de conocerse, el japonés invitó a la joven a su casa a beber té para confesarle su amor, pero fue rechazado por la chica.

Ante tales calabazas, el joven pupilo se levantó y, escopeta en mano, le dio un certero tiro en la cabeza. Pero antes de comenzar con su macabro plan caníbal, Sagawa mantuvo relaciones sexuales con la joven cuando ya estaba muerta. Luego pensó en qué parte del cuerpo del cadáver debía morder primero. Se decidió por el glúteo, pero no logró perforarle la piel. Entonces regresó con un cuchillo e ingirió un poco de carne. “Se derrite en mi lengua cual perfecto bocado de pescado crudo”, comentó el nipón sobre aquella truculenta experiencia. Además de registrar en su diario cada detalle de lo que hizo con el cuerpo de aquella mujer, Sagawa hizo fotografías de cada paso mientras se la comía.

La policía logró arrestarlo sin oponer resistencia y fue condenado a un encierro en un hospital psiquiátrico, gracias a que su abogado alegó demencia. En 1984, el padre de este caníbal japonés pidió que trasladaran a su hijo a su país, donde solo estuvo 15 meses entre rejas. Hoy se encuentra libre de toda culpa y ha protagonizado documentales, ha sido entrevistado en programas de cocina y hasta realizó una película pornográfica. Ahora se dedica a escribir libros y sigue viviendo de las rentas de haberse comido a un ser humano.

*Artículo originalmente publicado en el número 34 de Mine. Pide tu ejemplar en papel en tienda.ploimedia.com o descarga la edición digital interactiva para iOS o Android. 

Foto: Noboru Hashimoto